El papel de la insulina en la quema de grasa

No me sorprendería que en este momento se preguntara por qué se le da tanta importancia a la proporción y rapidez a la cuál son absorbidos los carbohidratos, al punto de llevar a cabo elaboradas pruebas de laboratorio que determinen índices y cálculos numéricos, si ni siquiera con las grasas, que son las de más alto valor calórico, nos complicamos tanto la vida. La “culpa” de todo la tiene la insulina.

¿Qué es la insulina?

La insulina es una hormona cuya sola mención asusta, porque inmediatamente se asocia con la diabetes y todas las consecuencias que puede traer esa enfermedad, pero aquí vamos a hablar de su papel en el metabolismo y su relación con el sobrepeso y la obesidad. Así pues, es una hormona muy a tener en cuenta cuando hablamos de la pérdida de peso. La insulina es producida y liberada a la sangre por el páncreas. El páncreas es una glándula situada en el abdomen, que tiene un papel muy importante tanto en la digestión como en el metabolismo, y la insulina es una hormona de almacenamiento. Su función principal es el manejo de la glucosa una vez que ésta ingresa al torrente sanguíneo. Esa misma glucosa de la que hemos venido hablando cuando nos referimos a los carbohidratos.

La glucosa y la insulina

Es importante comprender que la glucosa constituye la principal fuente de energía de todas las células del organismo porque es rápida, eficiente, y de fácil utilización. Para algunos tejidos como el neurológico, es el único combustible disponible. De allí su enorme importancia. Los detalles de las diferentes transformaciones a las que puede ser sometido este monosacárido corresponden al tema del metabolismo, y hablaremos de ello más adelante, pero en este momento nos interesa comprender qué le pasa a la glucosa cuando al fin entra al torrente sanguíneo desde el intestino.

Así que, pidiéndole disculpas por involucrarlo en el ejemplo, imaginemos que usted se ha comido una barra de caramelo, que por supuesto contendrá abundante azúcar. Al llegar al intestino, la sacarosa es degradada a sus moléculas básicas de glucosa y fructosa, las cuales son absorbidas y pasan de una vez a la sangre, por lo que su organismo se encuentra repentinamente con un volumen de glucosa que debe manejar en forma rápida. La fructosa sigue otra vía que no corresponde a este artículo. Una parte de esa glucosa pasará al tejido nervioso para ser aprovechado por las neuronas, lo cual su cerebro le agradecerá con una sensación de bienestar, pero aún queda mucha glucosa circulante y ésta debe ser mantenida bajo ciertos niveles para que no perjudique otros tejidos, como ocurre en la diabetes. Además, es necesario aprovecharla como energía o almacenarla para eventuales situaciones de escasez. Es el momento en el que el páncreas “suelta” la insulina al torrente sanguíneo.

Las funciones de la insulina y su papel en la quema de grasa

La insulina tiene varias funciones, entre ellas, estimula al hígado para que use parte de la glucosa disponible para formar glucógeno (aquél polisacárido de almacenamiento en el tejido animal del que hablamos con anterioridad). Además es necesaria para que la glucosa pueda entrar a algunos tejidos, que de otra forma no tendrían acceso a ella. Éstos son el músculo y el tejido graso. Imagínelo como un sistema de llave y cerradura. Tanto en el músculo como en el adipocito (célula grasa), la glucosa necesita que una “puerta con cerradura” (receptor), sea abierta, y la “llave” es la insulina. Sin “llave”, la glucosa no entra, por muy abundante que sea en sangre, y mucha falta que haga en las células.

Esta es la situación que se presenta en el paciente diabético. De manera que su páncreas respondió al aumento repentino de glucosa con la liberación de una carga de insulina. Esta insulina entra al torrente sanguíneo con la misma rapidez con la que entró la glucosa, facilitando el acceso de esa glucosa a los tejidos muscular y graso, y haciendo que bajen en forma rápida los niveles en la sangre (el proceso dura de una a dos horas). Y esto es lo que se conoce como “pico de insulina”. Lo más probable es que después de esas dos horas, usted descubra con sorpresa que vuelve a tener hambre, y es casi seguro que lo que le provocará comer no sean espinacas, sino algo azucarado, o con mucho almidón refinado. Si “resiste la tentación”, seguramente se pondrá de mal humor (otra vez las neuronas queriendo salirse con la suya), y en casos extremos se pueden presentar síntomas de debilidad, mareos, falta de concentración, etc. Si “cede a la tentación”, el ciclo se repite creando un círculo vicioso que puede llevar al sobrepeso y necesitar sustancias para eliminar el tejido adiposo, y en algunos casos a la “resistencia a la insulina”, paso previo para la diabetes tipo II.

¿Y todo esto por una simple barra de caramelo? Es lamentable, pero sí. No comience a sacar la cuenta de cuántas se ha comido en los últimos meses. Lo importante es comprender cómo romper este círculo vicioso, y esa es la razón de toda esa larga y fastidiosa explicación acerca de los diferentes tipos de carbohidratos. Si sustituye el dulce por alguna fruta, o algún otro alimento que sea de bajo índice glicémico (poco procesado, y no refinado), la glucosa entrará en su sangre progresivamente, y su páncreas no reaccionará en forma abrupta con “cargas de insulina”, sino que la liberará en la medida que sea necesaria, sustituyendo el “pico de insulina”, por una “meseta”, que no causará esa desesperación por algo dulce, ni los cambios de humor, ni las incomodidades propias de una falsa sensación de hipoglicemia. De esa forma puede llegar con éxito y sin esfuerzo hasta la próxima comida.

¿Cómo afecta la insulina a nuestra dieta?

¿Significa esto que debe renunciar para siempre a todos los alimentos refinados y azucarados que tanto le gustan? En realidad a lo que debe renunciar es a comerlos como parte habitual de su dieta. Imagine lo que representa para su organismo estar en esa “montaña rusa” de picos y valles de glicemia e insulina, si cada dos o tres horas ingresa a su sistema una carga de carbohidratos en forma de panes refinados, galletas, dulces, gaseosas, zumos, etc. El resultado final es un aumento del tejido graso, lo cual genera sobrepeso, e incluso obesidad. Es entonces cuando, si existen factores que lo predispongan, los receptores (las cerraduras) de insulina comienzan a fallar (resistencia a la insulina), con lo cual la hormona producida por el páncreas se vuelve ineficiente para cumplir su función, lo que lleva a que esta glándula, en un intento de compensar la situación libere una carga de insulina mayor (hiperinsulinismo), que si no se corrige puede llegar a fallar en su empeño de lograr mantener los niveles de glicemia en los parámetros normales, con lo cual ya estaríamos hablando de síndrome metabólico, que puede llevar a la diabetes tipo II. Para llegar a estos extremos suelen ser necesarios años de malos hábitos de alimentación, pero nunca es demasiado temprano para prevenirlos, ni demasiado tarde para corregirlos. Ahora vamos a detenernos un momento aquí. Aunque el tema de este libro no está enfocado en hablar de trastornos orgánicos, ni enfermedades, debido a su alta frecuencia en la población aparentemente saludable (que ni siquiera sospecha que la padece), y su indudable relación con el sobrepeso, vale la pena hacer una pequeña referencia a la resistencia a la insulina. Como explicamos con anterioridad, es el resultado de una deficiencia de la captación de glucosa por parte de los tejidos dependientes de la insulina, debido a una falla en los receptores, ocasionando una excesiva producción de insulina, que favorece el depósito de grasa, en especial a nivel abdominal.

Factores determinantes para la aparición de la diabetes

Existen factores que predisponen su aparición, y frente a los cuales un paciente con sobrepeso puede sospechar acerca de la posibilidad de padecerla:

• Ser mayor de 45 años.

• Factores genéticos: familiares consanguíneos que padezcan diabetes tipo II.

• Sedentarismo.

• Obesidad (índice de masa corporal mayor de 30).

• Circunferencia abdominal mayor de 90 cm en las mujeres y mayor de 100 cm en los hombres.

• Hipertensión arterial.

• HDL (lipoproteína de alta densidad) baja.

• Triglicéridos altos.

• Manifestaciones en piel: micro verrugas en cuello (acrocordones), oscurecimiento de la piel en pliegues de cuello, axila, nudillos de los dedos de las manos y de los pies (acantosis nigricans), pequeños lunares rojos en la piel.

Si usted reconoce uno o varios de estos factores es recomendable que acuda a su médico, quien a través de pruebas de laboratorio le confirmará o descartará si padece o no este síndrome. En caso de comprobarse que sí existe el problema, la dieta deberá ser más rigurosa con respecto a los carbohidratos refinados, y preferiblemente elaborada por un nutricionista, además de necesitar un tratamiento que ayude a mantenerlos niveles de glucosa y evitar las elevaciones bruscas de insulina. Por lo general en estos casos, si el paciente sigue las indicaciones de su médico tratante, bajará de peso, y en la medida en que esto ocurra y mejore la calidad de la dieta, los valores de insulina también serán controlados, y la posibilidad de llegar a una condición diabética se alejará del horizonte.

Los problemas para perder peso

Volvamos ahora al caso del que nos ocupamos, el de aquella persona que no padece ninguna patología, pero se le hace difícil bajar de peso, y sobre todo, mantenerlo. Así que asumimos que no estamos ante un caso de resistencia a la insulina. ¿Es tan grave entonces consumir carbohidratos de alto índice glicémico? ¿Significa que tendremos que erradicar los postres, las galletas y las pastas de la dieta, de por vida? Tampoco es necesario llegar a esos extremos. De lo que se trata es de mantener una alimentación en la que predominen los carbohidratos complejos (de bajo índice glicémico), sobre los refinados (de alto índice glicémico), pero si quiere comer un postre, o alguna galleta de vez en cuando, puede hacerlo siempre que no sea un hábito cotidiano, y una vez satisfecho el capricho, si le apetece volver a comer azúcar al cabo de un rato, comprenda que se trata de una trampa de su metabolismo, y supere el antojo con algún alimento más saludable que permita la meseta y no el pico de insulina. También le recomiendo que si va a darse ese gusto lo haga bien, con un producto de calidad que no contenga grasas trans (estas grasas favorecen el aumento de peso mucho más que sus homologas más naturales, y también han sido relacionadas en numerosos estudios con aumento de la resistencia a la insulina). Seguramente encontrará alguna alternativa de elaboración casera o artesanal, y lo más probable es que su paladar también se lo agradezca.

Pero no todo son malas noticias. En vista que estos antojos son producto de los picos de insulina con mucha frecuencia, suelen sentirse menos o incluso llegar a desaparecer cuando se han cumplido algunas semanas de una alimentación consciente y balanceada. He tenido pacientes que me han expresado con sorpresa que al cabo de un tiempo de cuidar su alimentación se han dado cuenta que ya no les provocan todas las chucherías que solían comer, y que si aun así las prueban de nuevo, las encuentran empalagosas. Y eso sin tomar ningún medicamento, ni producto que modere el apetito. Simplemente logrando que su metabolismo recupere un ritmo normal.

La absorción rápida de la glucosa cuando se consumen alimentos de alto índice glicémico induce a la secreción abrupta de insulina (“pico de insulina”), para permitir que esa glucosa pueda ingresar en los músculos y el tejido graso. Dichos picos favorecen el “deseo por lo dulce”, la obesidad, y la resistencia a la insulina.